El proyecto nació en un taller de Pirayú con una idea simple: que ninguna cuadrilla trabaje en altura sin una red confiable detrás. Desde entonces producimos cerramientos industriales, mallas anticaídas y hilos de nylon de alta tenacidad para obras que no pueden permitirse improvisar.
Cada año llegan consultas de obras donde el material llegó tarde, con nudos flojos o sin argollas en los bordes. Ese tipo de falla no se nota hasta que hay una caída. Preferimos fabricar nosotros mismos, controlar el tensado y revisar la carga antes de que la malla salga del taller.
Tejemos con hilo de nylon tratado contra rayos UV, reforzamos el perímetro con costura doble y colocamos argollas metálicas cada 50 cm para fijar a andamios o perfiles. Antes de despachar medimos la resistencia y anotamos el lote, así el cliente sabe qué malla está colgando en su fachada.
Una obra que instala cerramientos verificados reduce el riesgo de caída de material, protege al personal en los frentes y evita parar la jornada por un accidente. También gana tiempo: la malla llega medida, rotulada y lista para tensar sin recortes de último momento.
Somos un taller de tejido industrial en Paraguarí. Trabajamos con constructoras, jefes de obra y empresas de andamiaje que necesitan cerramientos confiables antes de subir personal a un frente. Cada rollo sale de nuestras máquinas con control de tensión y revisión de costura, porque una red que falla no se reemplaza: se lamenta.
No empezamos vendiendo redes: empezamos reparándolas. Ese trabajo de taller nos enseñó qué falla primero en una malla mal tensada, qué costura aguanta el viento de la tarde en una fachada y por qué una argolla mal colocada arruina todo el cerramiento. Esa experiencia está detrás de cada etapa que contamos acá.